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Residuos electrónicos en América Latina: Panamá frente a un desafío compartido

  • Foto del escritor: Abog. José Alberto Moreno
    Abog. José Alberto Moreno
  • 21 oct
  • 3 Min. de lectura
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En la última década, América Latina ha visto un crecimiento acelerado en el consumo de productos tecnológicos: celulares, computadoras, televisores, electrodomésticos inteligentes. Este auge, sin embargo, ha traído consigo un problema que crece en silencio: la acumulación de residuos electrónicos, también conocidos como RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos).

Panamá, en el corazón del continente, no escapa a esta realidad. Aunque su volumen de generación es menor comparado con potencias como Brasil o México, el país enfrenta retos similares en recolección, tratamiento y reciclaje, pero también oportunidades únicas para liderar una transición hacia un manejo más responsable y sostenible.


Un crecimiento insostenible a escala regional

Se estima que en América Latina se generan más de 1,3 millones de toneladas de basura electrónica al año, y esa cifra no deja de crecer. Factores como el rápido avance tecnológico, la baja durabilidad de los productos y la cultura del reemplazo constante alimentan esta tendencia.

Pese a este volumen, solo entre el 1 % y el 3 % de estos residuos se gestionan adecuadamente. El resto termina en vertederos, incineradoras o reciclado de manera informal, con graves consecuencias para el ambiente y la salud pública.

En países como Bolivia, Guatemala o República Dominicana, el reciclaje electrónico es prácticamente inexistente. En cambio, naciones como Colombia, Chile y México han comenzado a implementar marcos normativos más robustos, fomentando centros de acopio, políticas de responsabilidad extendida del productor y alianzas público-privadas.


Panamá: un pequeño país con un gran potencial

Panamá produce una cantidad moderada de residuos electrónicos en comparación con países más grandes, pero la falta de una política nacional integral y la escasa infraestructura de reciclaje lo colocan en una situación de riesgo.

  • En 2015, Panamá generaba más de 31 kilotoneladas de residuos electrónicos, y esa cifra ha aumentado con el crecimiento poblacional y digital.

  • Se estima que cada panameño genera entre 6 y 8 kilogramos de RAEE al año, aunque la mayoría de estos residuos no se gestiona de manera formal.

  • Solo un pequeño porcentaje (entre 1 % y 5 %) de estos residuos son separados adecuadamente del resto de los desechos.

  • Existen pocas empresas especializadas en reciclaje electrónico, lo que limita la recuperación de materiales valiosos como cobre, aluminio o incluso oro.


No obstante, Panamá ha dado algunos pasos importantes. En los últimos años, se han realizado jornadas de recolección electrónica organizadas por instituciones públicas y empresas privadas. Además, el país ha comenzado a exportar residuos electrónicos a países como Japón y Corea del Sur, donde los materiales son recuperados bajo estándares ambientales estrictos.


El impacto: más allá de lo visible

La basura electrónica no solo ocupa espacio en los vertederos. Sus componentes, baterías, circuitos, cables contienen sustancias tóxicas como plomo, mercurio y cadmio, que contaminan el aire, los suelos y las fuentes de agua. En Panamá, esto es especialmente delicado debido a la cercanía entre zonas urbanas, cuerpos de agua y ecosistemas costeros vulnerables.

Además, en ausencia de una cadena formal de reciclaje, estos residuos muchas veces son manipulados por trabajadores informales, sin equipos de protección ni conocimientos técnicos. Este escenario, común en otras partes de América Latina, exige una respuesta articulada y urgente, tanto desde el sector público como privado.


América Latina y Panamá: desafíos comunes, soluciones posibles

Aunque cada país enfrenta su propia realidad, los retos son compartidos: baja recolección, falta de infraestructura, escasa concienciación ciudadana y ausencia de normativas vinculantes. Pero también lo son las oportunidades:

  • Impulsar la economía circular: reutilizar, reparar y reciclar puede reducir la presión sobre el ambiente y generar empleo.

  • Aprovechar los residuos como recursos: los RAEE contienen materiales estratégicos clave para tecnologías limpias y la transición energética.

  • Fortalecer la cooperación regional: compartir experiencias y modelos de gestión entre países puede acelerar la adopción de soluciones.

  • Implementar marcos legales sólidos: leyes de responsabilidad extendida del productor y normativas claras son esenciales para avanzar.

Panamá, por su ubicación estratégica, su economía de servicios y su creciente compromiso ambiental, tiene todo para ser líder regional en la gestión de residuos electrónicos. Pero para lograrlo, necesita voluntad política, inversión en infraestructura y educación ambiental sostenida.



Un llamado a la acción

La tecnología ha mejorado nuestra calidad de vida, pero también ha generado una crisis silenciosa que no puede seguir ignorándose. En un planeta con recursos limitados, no podemos permitir que la innovación termine contaminando lo que nos rodea.

Panamá tiene la oportunidad y la responsabilidad de actuar. Transformar los residuos electrónicos en una fuente de valor, proteger la salud de las personas y reducir el impacto ambiental no solo es posible: es necesario.

La región también lo exige. La basura electrónica debe dejar de ser un problema oculto y convertirse en una prioridad de política pública, empresarial y ciudadana.

Porque en América Latina, y especialmente en Panamá, el futuro de la tecnología debe ser también un futuro sostenible.


Moreno Solano Abogados / Ambiente Legal

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